Paso 1:
Comencemos con el corazón del pastel: la crema pastelera. Debe estar completamente fría antes de montarlo; es una regla de oro. Vierta la leche en una cacerola. Corte la vaina de vainilla por la mitad a lo largo, raspe las preciadas semillas negras con la punta de un cuchillo y añádalas a la leche, junto con la propia vaina. Lleve la mezcla a ebullición a fuego medio. En cuanto aparezcan las primeras burbujas, retire del fuego, tape y deje reposar durante al menos quince minutos. Este tiempo de infusión es esencial para que la vainilla libere todos sus aromas.
Paso 2:
Mientras tanto, en un bol, bata enérgicamente las dos yemas de huevo con 60 gramos de azúcar hasta obtener una crema ligera y esponjosa. Este es el paso del blanqueado. A continuación, incorpore con cuidado la maicena tamizada para evitar grumos. Retire la vaina de vainilla de la leche y vierta la mitad de la leche caliente en la mezcla de yemas y azúcar, sin dejar de batir. Esta técnica, llamada détente, evita el choque térmico, que cocinaría las yemas. Vierta la mezcla en la cacerola con el resto de la leche.
Fase 3
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