“¿Sabías de antemano que la Mansión Zafiro estaría cerrada?” Krzysztof miró a su madre sorprendido. “¿Mamá?” Elżbieta guardó silencio un momento. “Escuché información”, admitió finalmente. “Decidí que este lugar no era adecuado para ti”. “¿Y no nos lo dijiste?” La voz de Krzysztof sonaba tensa.
“Quería evitar el caos”. “Tú lo causaste”, respondió con calma. Agnieszka se levantó. “Llamé al restaurante hoy. La renovación llevaba un mes planificada. Tú lo sabías”. Elżbieta frunció los labios. “Pensaba en tu bienestar”.
“¿El bienestar de quién?”, preguntó Agnieszka. Elżbieta la miró con frialdad. “La celebración fue demasiado lujosa. Demasiado cara. Y tu apartamento…”, hizo una pausa. “Parece muy caro para el sueldo de una profesora”. El aire se volvió pesado. “¿Qué sugieres?”, preguntó Agnieszka en voz baja. “¿Quién es realmente el dueño de este apartamento?”
Las palabras sonaban como una acusación. Agnieszka se acercó a la cómoda, sacó una carpeta con documentos y la dejó sobre la mesa. “Una escritura de donación. La tía Jadwiga me la dio hace cinco años”. Krzysztof revisó los documentos. “Todo está en orden”. Elżbieta guardó silencio.
“Oí rumores de que tu expareja paga el apartamento”, dijo finalmente. Los ojos de Agnieszka se llenaron de lágrimas. “¿Y te lo creíste sin siquiera hablar conmigo?” “Estaba protegiendo a mi hijo”. “¿De qué? ¿Del amor?”, preguntó Krzysztof. Marek, que había guardado silencio hasta entonces, suspiró.
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