A la mañana siguiente llegó una luz tenue y silenciosa que se filtraba a través de las finas cortinas. Elsa apenas había dormido.

A la mañana siguiente llegó una luz tenue y silenciosa que se filtraba a través de las finas cortinas. Elsa apenas había dormido.

Volvió a coger su portátil. Por primera vez en mucho tiempo, sintió que el mundo era amplio, abierto y real. Lo desconocido ya no la aterrorizaba; la atraía.

Al día siguiente, Elza se apuntó al curso de fotografía de Adrian.

No por Tomasz.

No por su familia.

Por primera vez, por ella misma.

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