Volvió a coger su portátil. Por primera vez en mucho tiempo, sintió que el mundo era amplio, abierto y real. Lo desconocido ya no la aterrorizaba; la atraía.
Al día siguiente, Elza se apuntó al curso de fotografía de Adrian.
No por Tomasz.
No por su familia.
Por primera vez, por ella misma.
Leave a Comment