—Tomasz —dijo con dulzura—, no te odio. Pero ya no puedo vivir así. Durante años intenté arreglar algo que solo tú podías arreglar. Y no lo conseguiste.
Tomasz cerró los ojos como si lo hubieran golpeado.
—Podríamos intentarlo de nuevo… por favor…
—No. No quiero seguir luchando para convencerte de que puedes confiar en mí. Sé quién soy. Y tienes que descubrir quién eres sin proyectar tu propia sombra sobre mí.
Tomasz se levantó bruscamente, angustiado.
—¿Entonces este es realmente el final?
Elsa respiró hondo.
—El final de nuestro matrimonio. Pero para mí… es el principio.
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