Dima sonrió radiante y le dio un beso a su madre.
Luego llegó el turno del hijo mayor y su esposa. Irina, la nuera perfecta, recibió unos pendientes de oro.
“¡Irina, no solo eres mi nuera, sino también mi hijita! ¡Mi verdadera familia!”
Galina Petrovna abrazó a Irina con tanta ternura que a Olga casi le dolieron los dientes.
Macha recibió una enorme caja de Legos. Macha estaba encantada.
Olga esperó. Sonriente y preparada. Le compró a Dima el set de afeitado con el que había soñado, y a su suegra una costosa servilleta bordada que tanto anhelaba.
Galina Petrovna, después de entregar todos los regalos, se quedó paralizada de repente. Todos se quedaron paralizados, expectantes, con la mirada fija en ella. Lentamente se giró hacia Olga. Su mirada era gélida, carente de alegría.
“¿Olga? Estás ahí parada como una guardiana… ¿Qué esperabas?” —preguntó con un sutil tono de burla.
Olga intentó mantener un buen humor.
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