Él respiró profundamente.

Él respiró profundamente.

Anna empezó a recuperarse.

Piotr dejó su trabajo de limpiador.

No porque se hubiera hecho rico.

El empresario le ofreció una beca.

Se fundó un club de robótica y astronomía en la escuela.

Con un salario fijo.

“Enséñales a ser personas”, dijo.

“La física… la física llegará sola”.

Pasearon cinco años.

Anna está viva.

Pasean por el parque y dan de comer a los patos.

Nowak se graduó de la Universidad Politécnica.

Todos los años, el Día del Maestro, llama a Piotr.

“Gracias. No por la física. Por la lección de dignidad”.

“Ahí lo entendí: no importa lo que tengas en las manos, una escoba o un bolígrafo caro. Lo que importa es lo que llevas dentro”.

Piotr mira las estrellas.

Sabe que se aplica la ley de conservación de la energía.

La bondad no desaparece. Regresa.

A veces en un Mercedes negro.

A veces en la sonrisa de su esposa.

Y a veces, simplemente con la conciencia tranquila que te permite dormir tranquilo.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top