Millonario se hace pasar por pobre para encontrar una madre para su hijo… —Vámonos, Mateo, ya llegaste tarde.DIUY

Millonario se hace pasar por pobre para encontrar una madre para su hijo… —Vámonos, Mateo, ya llegaste tarde.DIUY

¿Y ustedes? Yo soy Roberto y este es Mateo. Esperanza le sonría al niño. Hola, Mateo. ¿Cuántos años tienes? Ocho, tía esperanza. Ay, qué niño tan educadito. Hay una panadería ahí en esa esquina. Cómprale algo de comer a Mateo. Sí. Se levanta acomodándose la bolsa. Y usted, señorita, ¿no va a almorzar? Esperanza se encoge de hombros. Ay, yo me las arreglo como pueda.

Lo importante es que el niño no se quede con hambre. Tengo que regresar al trabajo, si no mi jefa me mata. Pero cuando salga a las 6 regreso por aquí para ver si necesitan algo más. Sebastián no lo puede creer. No nada más les dio todo su dinero, sino que prometió regresar. Muchísimas gracias, doña Esperanza. Usted es un ángel. Ay, para nada.

No más hice lo que cualquier persona haría. Uno ayuda al que puede, ¿no? Esperanza entra al edificio comercial despidiéndose con la mano. Sebastián jala a Mateo. Ven, tenemos que cambiarnos rapidito. En el carro se ponen ropa limpia. En 5 minutos ya están normales, sin ni una pisca de suciedad. Vamos a entrar donde trabaja. Quiero ver qué tipo de persona es cuando no está ayudando a limosneros.

En la portería, Sebastián pregunta dónde queda la empresa de limpieza. Tercer piso, pero ahorita están trabajando. Más una información rapidita. Arriba encuentran a Esperanza platicando con un guardia grandote y muy serio. Por favor, don Aurelio, no los corra. Eran un papá con su hijito. Pobrecitos. El niño está chiquito.

Esperanza, tú sabes que es orden de la administración. Los limosneros ahuyentan a los clientes. Lo sé, lo sé, pero cuando salga los voy a ayudar a encontrar donde dormir, no más no los corra ahorita. Y si los ve el administrador, pierdo mi trabajo. Yo me hago responsable. Si alguien reclama, les digo que yo le pedí que los dejara. Sebastián y Mateo escuchan escondidos detrás de una columna.

Millonario se hace pasar por pobre para encontrar una madre para su hijo… —Vámonos, Mateo, ya llegaste tarde. Sebastián Montemayor corre por los pasillos de la mansión buscando ropa vieja. Mateo, de

Les diste dinero, ¿verdad? Sí. Todo el dinero para mi lonche de los próximos dos días. Pero, ¿qué iba a hacer? El niño tenía cara de no haber comido en mucho tiempo. Esperanza, eres demasiado buena. Casi no tienes dinero ni para ti. Si uno no ayuda cuando puede, ¿quién va a ayudar? El guardia suspira. Está bien.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top