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Seca muy bien las sardinas antes de marinarlas: esto mejora la textura final.
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Si no tienes cheddar, puedes usar mozzarella o queso semi duro rallado.
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Para un toque más crujiente, agrega un poco más de pan rallado por encima antes de hornear.
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Si prefieres una versión más ligera, puedes reducir la mantequilla y usar más aceite de oliva.
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Acompaña con limón extra al servir para realzar el sabor.
Con ingredientes simples y una técnica tradicional, las sardinas pueden transformarse en una cena completa, sabrosa y nutritiva. Una receta sencilla que demuestra que lo auténtico y casero siempre tiene un sabor especial.
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