“Cásate conmigo”, le suplica el multimillonario solitario al indigente. Su reacción es impactante…
La multitud que aguardaba frente al supermercado Super Save se quedó paralizada como maniquíes. Un elegante Bentley acababa de detenerse al lado de la polvorienta carretera. Nadie esperaba lo que sucedería. Una mujer alta y radiante, con un elegante mono color crema, salió. Sus tacones resonaban con seguridad en el asfalto; su presencia atraía la atención de todos. Era Mónica. Todos la conocían.
No era una mujer común y corriente. Era Mónica Williams, genio multimillonario de la tecnología, la reina del software en África, fundadora de Mtech, la imagen de Forbes África; la mujer con la que toda madre soñaba que sus hijas siguieran sus pasos. Pero hoy, Mónica no estaba allí para una entrevista de trabajo, una reunión de la junta directiva ni para comprar vino exótico. Iba a ver al indigente.
Estaba sentado en la acera, junto a una pila de cajas vacías. Su desgastado abrigo marrón cubría una camisa verde descolorida que no había visto jabón en semanas. Su barba era una jungla enmarañada. Su cabello yacía esparcido por el suelo. Llevaba una bolsa negra y maltratada colgada del hombro, como si la hubiera llevado consigo toda la vida. Levantó la vista lentamente, asombrado.
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