León detuvo la mano a mitad del movimiento. Respiraba con dificultad, como si quisiera decir algo, pero las palabras se le atascaban en la garganta.
“No lo entiendes”, murmuró.
“Entonces explícamelo”, respondió Emma con calma pero firmeza. “Porque quiero entender”.
León se pasó una mano por el pelo.
“Mamá cree que no la respetas”.
Emma soltó una risa breve y amarga.
“No la respeto… ¿porque me negué a ser su cocinero privado? ¿Porque no la dejo entrar en nuestra casa como si fuera una cantina gratis? León… eso no es falta de respeto. Es defender tus límites”.
Cerró la bolsa con un movimiento rápido y la recogió.
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