Compré una casa en la playa con la herencia de mi esposo, pensando que por fin tendría un poco de paz. Entonces sonó el teléfono. “Mamá, nos vamos todos este verano… Pero puedes quedarte en la trastienda”, dijo mi hijo. Sonreí y respondí: “Por supuesto”.

Compré una casa en la playa con la herencia de mi esposo, pensando que por fin tendría un poco de paz. Entonces sonó el teléfono. “Mamá, nos vamos todos este verano… Pero puedes quedarte en la trastienda”, dijo mi hijo. Sonreí y respondí: “Por supuesto”.

 

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top