Bajo los pies de la mujer, entre el pedal

Bajo los pies de la mujer, entre el pedal

Bajo los pies de la mujer, entre el pedal y la alfombrilla, vi una pequeña caja metálica de esquinas redondeadas con un cable fino que pasaba por debajo del asiento. Una luz roja brilló en la carcasa. Por una fracción de segundo, la idea más oscura cruzó por mi mente: un artefacto explosivo casero.

La miré. Estaba tensa, con las manos temblorosas sobre el volante.

“Señora… ¿qué es esto?”, pregunté lentamente, casi en un susurro.

“No… no es lo que cree…”, respondió, evitando el contacto visual.

Discretamente pulsé un botón en la radio del hombro y marqué el código de “posible amenaza grave”. Mi compañero lo entendió al instante y empezó a asegurar la zona.

“Por favor, salga del coche, despacio, y colóquese a una distancia prudencial”, dije con calma.

“No puedo… si me muevo demasiado rápido… algo malo ocurrirá”, susurró, con lágrimas en los ojos.

Entonces noté que su pierna derecha estaba sujeta al suelo del coche con un cinturón grueso. El cable de la caja metálica serpenteaba por su tobillo, envolviéndola firmemente como una trampa.

Mi corazón latía más rápido, pero tenía que mantener la calma. Le hice una señal a mi compañero para que llamara a la brigada antibombas inmediatamente. Unos minutos después, la zona estaba repleta de agentes de las fuerzas especiales.

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