Trabajó con niños que aprendieron a guardar silencio demasiado pronto. Niños que veían el peligro en los rostros. Niños que creían que el hambre era parte de la vida.
Y a veces, cuando alguien le preguntaba cómo se encontraba, Lupita sonreía.
“Porque una vez”, decía, “encontré a un hombre encerrado en un refrigerador. Y entendí algo”.
“¿Qué era?”
“Que por poco que tengas… aún puedes salvar a alguien”.
Y a veces…
Esa persona, al final, también te salva a ti.
Esta historia está inspirada en experiencias reales, pero se ha ficticio con fines creativos. Se han cambiado los nombres, personajes y detalles para proteger la privacidad. Cualquier parecido con personas o eventos reales es pura coincidencia. La historia se presenta tal cual y las opiniones expresadas son exclusivamente las de los personajes.
Leave a Comment