Margaret jadeó y el rostro de Frederic palideció.
Clara permaneció inmóvil, sin comprender de inmediato lo que acababa de oír.
—¡Vincent, de qué estás hablando! —gritó Margaret—. ¡Es tu hermana!
Pero él ya estaba inclinado sobre la mesa, hablando aún más bajo, aún más firme:
—Ella trae desgracias. Y yo…
Levantó la mano como para añadir algo más, algo definitivo, brutal, que podría arruinar la velada irrevocablemente.
Y en ese preciso instante, Clara se levantó de la mesa.
La historia continúa en los comentarios.
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