El millonario fue arrojado al río

El millonario fue arrojado al río

“Nunca esperes demasiado para empezar de nuevo.”

Miguel conservó ese reloj toda su vida.

¿Y Gonzalo Herrera? Desapareció de los registros judiciales, de los periódicos, de su historia familiar.

Pero en el sur de Portugal, en un pequeño pueblo junto al mar, apareció un anciano con cicatrices en las muñecas. Regentaba un pequeño taller, ayudaba a niños de la calle y nunca le contó a nadie quién era.

A veces, cuando alguien le preguntaba por su acento, simplemente respondía:

“El río me trajo hasta aquí”.

Y eso bastaba.

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