Aarav sonrió. “Y nunca pensé que alguien llenaría mi silencio tan completamente”.
Ambos rieron. Estrellas aparecieron en el cielo, testigos de su silenciosa confesión.
Y esa noche, años después, Aarav dijo: “Ahora por fin puedo dormir…”.
Ananya respondió: “Porque ahora no estás solo”.
Un cartel colgaba en el escaparate de la panadería: “Caléndula: donde toda dulzura nace de la sinceridad”.
Se dice que los dulces tienen un sabor especial, quizás porque cada pieza lleva un poco de perdón, un poco de esperanza y mucho amor.
Y allí, en ese tranquilo pueblo de montaña, Aarav y Ananya demostraron que a veces la flor más sencilla basta para despertar incluso el corazón más rico.
Poseía negocios, coches caros, relojes de oro… pero le faltaba lo único que el dinero no puede comprar: la paz.
Tras una ruptura muy pública con su prometida, el corazón de Aarav se convirtió en piedra.
Ya no confiaba en la bondad humana. Creía que todos solo querían su dinero.
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