“Por favor, Su Señoría… Puedo Ayudarle.” Su vocecita resonó por la sala, deteniendo un juicio por delito grave y conduciendo a una decisión inesperada.

“Por favor, Su Señoría… Puedo Ayudarle.” Su vocecita resonó por la sala, deteniendo un juicio por delito grave y conduciendo a una decisión inesperada.

 

Durante años, creí que la distancia protegía la justicia. Que la empatía requería moderación.

Juniper me enseñó lo contrario.

La compasión no debilita la justicia.

Lo humaniza.

En las tardes tranquilas, cuando la luz del sol se filtra por las ventanas del juzgado, practico su ritmo respiratorio: cuatro respiraciones, seis respiraciones. Siento que su cadencia constante me ancla al presente.

Mis piernas no han cambiado.

Pero algo dentro de mí, algo que se había vuelto rígido, se movió nuevamente.

Y a su manera, pequeña e inquebrantable, una niñita ayudó a devolverle la vida.

Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top