Una hija que se había casado lejos le envió a su padre un par de zapatos… Pero él calzaba un número 40, y ella le envió un número 43. La verdad escondida en esos zapatos lo hizo llorar.

Una hija que se había casado lejos le envió a su padre un par de zapatos… Pero él calzaba un número 40, y ella le envió un número 43. La verdad escondida en esos zapatos lo hizo llorar.

Era un regalo de su hija María.

Tres años antes, se había casado y se había mudado al norte con su marido para trabajar en una zona industrial. Desde la boda, no había vuelto ni una sola vez por Navidad. Don José nunca la culpó. Sabía que la vida en la gran ciudad, lejos de casa, no era fácil.

Ese año, poco antes de Navidad, María le había enviado unos zapatos de piel marrón oscuro: brillantes, elegantes… demasiado bonitos para alguien como él.

Don José sonrió levemente y se los probó.

“Son demasiado grandes…”, susurró.

Calzaba una talla 40. Claramente, eran una 43. Al dar un paso, el tacón resbaló, casi saliéndose del zapato.

Suspiro.

“Debió de tener prisa y se equivocó de talla… O quizá no recuerda lo pequeños que son los pies de su padre…”

Se lo dijo a sí mismo, pero sintió una opresión en el pecho.

No se molestó en quejarse. No quería que se sintiera culpable. Con cuidado, guardó los zapatos en la caja y la colocó al fondo del armario.

Esa Navidad, usó sus viejas sandalias como siempre.

Pasaron dos meses.

El invierno estaba a punto de terminar, pero la temporada de lluvias dejó un olor húmedo y rancio en la casa. Un día, Don José decidió sacar toda su ropa al aire libre para que se aireara al sol. La caja de zapatos rodó hasta el centro del suelo. Un pequeño ratón salió corriendo de debajo del armario: parecía estar intentando construir un nido allí.

Don José abrió la caja.

Por suerte, los zapatos estaban intactos.

Pero cuando cogió el correcto, se quedó paralizado.

Lo sentía… demasiado pesado.

Lo sacudió ligeramente. Dentro había algo duro y compacto.

Su corazón empezó a latir con fuerza.

Metió la mano en la punta del zapato. Nada. Le dio la vuelta y, con una navaja, levantó con cuidado la plantilla.

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