Susurros de aprobación se extendieron por el salón. Varias damas comenzaron a aplaudir discretamente.
Sophie se quedó quieta, sintiendo una fuerza que nunca había conocido crecer en su interior. No dijo ni una palabra, y ese mismo silencio fue su victoria. La condesa se sentó lentamente, bajando la mirada.
La música comenzó de nuevo. Los invitados comenzaron a charlar y el salón cobró vida. Pero todos los presentes lo sabían: a partir de ese momento, el equilibrio de poder en esta casa nunca volvería a ser el mismo.
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