Sophie se agachó lentamente y recogió la servilleta, pero en lugar de devolvérsela, la dobló con cuidado y la sostuvo en la mano. Un murmullo bajo se extendió entre los invitados.
Mathilda se sonrojó de ira y dio un paso al frente:
“¿Te atreves a cuestionarme?”
Antes de que Sophie pudiera responder, la voz profunda y decidida de Lord Albert resonó:
“¡Basta!”
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