La verdad apenas comenzaba.
Me incliné hacia él, acariciando su cabello.
—Puedes decirme todo, mi vida. Estoy contigo.
Con voz temblorosa, confesó:
—Papá y tía Mariana… me dijeron que no hablara. Yo quería irme a casa… cerraron la puerta.
El dolor fue insoportable.
Él lo recordaba todo.
El doctor Cruz habló con suavidad detrás de mí.
—Sofía… tiene marcas claras en ambas muñecas. Fue sujetado. Lo siento.
“Lo siento.”
No alcanzaba.
La detective entró en silencio.
—Mateo, ¿puedo hacerte una pregunta?
Él asintió débilmente.
—¿La puerta del coche estaba cerrada para que no pudieras salir?
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