Cuando la familia fracasa

Cuando la familia fracasa

Fue una Nochevieja que Olga recordaría como una pesadilla terrible y cruel. En lugar de interpretar el papel de Cenicienta, se sentía como un objeto inútil y polvoriento, olvidado en un rincón de la casa.

Fiestas familiares y relaciones insoportables
Tradicionalmente, las celebraciones se celebraban en casa de Galina Petrovna. La mesa, lujosamente puesta, casi crujía bajo el peso de las ensaladas. Galina era experta en organizar este tipo de eventos. Olga también sabía cocinar, llevar la comida, lavar los platos y fingir que quería a “Olivier”, aunque esas reuniones familiares habían dejado de atraerla; se sentían como un nudo en la garganta.

Dima, su esposo, estaba más feliz que nunca. ¿Con razón? Tenía el calor, el resplandor de las luces, a su madre a su lado y, a su lado, a su hermosa esposa e hija. La vida, podría decirse. No se dio cuenta de cómo su madre la fulminaba con la mirada, de cómo se sentía más miserable con cada momento que pasaba en compañía de su familia. Su mirada solía centrarse solo en lo positivo.

Finalmente, llegó el clímax. Sonaron las doce campanadas, se bebió el champán y Galina Petrovna, radiante como un cuenco de cobre pulido, anunció la hora de la entrega de regalos.

“¡Bien, queridos!”, resonó su voz como una campana. “¡Felicidad, salud! ¡Y por supuesto, ninguna celebración está completa sin regalos!”.

Empezó con Dimo. Para él: un reloj caro.

“¡Eres el cabeza de familia, mi Dimochka! ¡Debes tener un aspecto respetable!”.

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