Clara se quedó quieta un buen rato. Las palabras de su hermano resonaban en su cabeza como si las hubiera pronunciado un extraño.

Clara se quedó quieta un buen rato. Las palabras de su hermano resonaban en su cabeza como si las hubiera pronunciado un extraño.

Clara se quedó quieta un buen rato. Las palabras de su hermano resonaban en su cabeza como si las hubiera pronunciado un desconocido. El silencio reinaba a su alrededor; solo el refrigerador zumbaba suavemente, ajeno a todo.

Sentía un peso en el cuerpo, pero su mente estaba extrañamente despejada. En un instante, todo el cansancio de los últimos años, toda la sumisión, todo el silencio, se transformaron en algo nuevo. En una resolución fría y serena.

Sin decir palabra, se dirigió a la habitación, la que, según Marc, «ya no le pertenecía». En la mesilla de noche había una foto: ella con sus padres, hacía mucho tiempo, junto al mar, con sonrisas forzadas y ojos tristes. La miró un momento y luego guardó la fotografía en la caja. Con calma. Con decisión.

Esa noche, Clara no durmió. Escribió.

Cartas.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top